Espacio para informar, discutir y compartir en torno a un balón. Porque noventa minutos no bastan.

jueves, 20 de septiembre de 2007

Un nuevo proceso empieza


Visitantes de "Un poco de tinta sobre la pelota":

Ante todo, permítanme expresarles en nombre del equipo nuestras mas sinceras disculpas por haber descuidado este espacio dedicado al fútbol que posiblemente algunos de ustedes encuentren interesante. Sin embargo, fueron muchas cosas las que nos mantuvieron en pausa durante este mes de sequía de publicación que hemos tenido. A pesar de todo eso, mantenemos la misma convicción con la que empezamos este proyecto que es la de opinar y discutir sobre todo lo referente al Deporte Rey. Empezamos de nuevo, señores.

Mucho ha sucedido en el ámbito futbolístico en este mes de para siendo los más importantes la designación de "Chemo" Del Solar como Director Técnico de la Selección Nacional absoluta y el memorable desempeño de la Sub-17 de la Selección en el Mundial de la categoría en Corea del Sur. Si hablamos de estos últimos, solo puedo decir que los 22 chicos mostraron todos los sentimientos que cualquier grupo humano debe tener para conseguir con éxito lo que se proponen: unión, perseverancia e inteligencia; cualidades que en el desempeño del fútbol son aún mas importantes. Si el destino nos hubiera sonreído (aun más) no nos habría puesto a 22 ghaneses no tan chicos en el camino; sin embargo, nosotros ya hemos sonreído y dado cuenta de que con un trabajo de menores adecuado estamos para grandes cosas.

Por otro lado, por fin somos concientes de la importancia que es tener a todos nuestros mejores jugadores dentro del plantel de la Selección Nacional. A diferencia de Uribe, Del Solar es un técnico mucho más centrado y con un mejor trato hacia sus dirigidos. Puede que Chemo no tenga la experiencia que sí puede tener el 'Diamante Negro' pero goza del beneficio de la duda así como la eterna fe del hincha peruano, fe que ha sido potenciada por el desempeño de los 'jotitas' que han mejorado nuestra autoestima futbolística.

Empieza otra vez un nuevo camino al Mundial. Depende de jugadores, dirigentes e hinchas seguir el mejor rumbo que nos lleve a él. Solo así se podrán repetir imágenes como ésta:



Empezamos todos de nuevo. Gracias por su paciencia.


(La imagen corresponde al álbum Panini del Mundial de España '82 y fue cortesía de Manuel Gallegos)

viernes, 10 de agosto de 2007

El Monstruo de las 100000 cabezas[1]: un análisis del hincha del fútbol.

Somos tan sólo una pequeña cabeza entre esas cien mil pero nos encanta serlo. La identificación de un hincha con el club de sus amores es análoga a una relación de nacionalidad debido a la adopción de ciertos ritos (ir al estadio los domingos es como cantar el himno el lunes), respetar ciertos colores, odiar a ciertos rivales, etc. Llega, incluso, a ser más fuerte que ella: alguna vez oí decir a, no recuerdo exactamente, un periodista o jugador argentino: “A la selección la veo como una tía querida pero Rosario Central… Rosario es como mi vieja.”

Pero quizá nos estamos saliendo un poco del tema. ¿Qué es lo que hace a un hincha? Encontramos cuatro factores poderosos: la tierra, la familia, la historia y, quizá de una forma más sutil, el contexto. Todo eso influye en la construcción de un cariño a una institución, a tener el afiche de tu equipo rasgado en tu pared, tu camiseta en un cajón desempolvada cada domingo, lágrimas en tus ojos y canciones y goles en tu memoria.

Por ser un ámbito más manejable empezaré con la familia, tema que tiene bastante que ver con el de la historia. El hinchaje, tanto como la nacionalidad, es algo que se hereda, se nace con ella, algo así como siempre respetar la madre patria. Si tu papá es de la U, seguramente tú serás de la U. ¿Por qué? Quizá no lo sabes, pero ya te acostumbraste y te gusta. Bueno, yo no reprocho eso, total ese bien podría ser mi caso pues soy del mismo equipo que mi padre, aunque haya habido previa simpatía mía por la camiseta del eterno rival que luego cambió al conocer parte importante de historia del equipo que ahora amo. Yo puedo decir que tengo simpatía por dicho club por voluntad propia, sin embargo no puedo negar que hubo cierta influencia de mi viejo. En la mayoría de los casos seguir la tradición familiar ha sido la forma más legítima de adhesión a un equipo y me gustaría ilustrarlo con ejemplos locales, Alianza Lima y Universitario de Deportes. Al no conocer mucho sobre este último club y tratando de no ser imparcial le pedí a un amigo hincha de ese equipo un testimonio para hacer una comparación. Muchas gracias Fernando.

Tanto Alianza Lima como la “U” tienen sus propias características y factores únicos que son regularmente ensalzados en la búsqueda de un mayor número de seguidores, proceso en el que la familia juega un papel importante enseñándote, desde que eres pequeño, que los blanquiazules son “el equipo del pueblo” [2] o que los cremas son “los que tienen más garra” [3]. Y bueno, luego ves en televisión el empate que logró conseguir la U de visitante en el último minuto o el arraigo popular que surgió tras la caída del Fokker aliancista con lo que comparas lo que te han dicho con la realidad o la historia obteniendo como resultado una identificación más plena con el club de tu familia. Además, si no hablas mucho con tu padre o tíos, siempre podrás preguntarles que les pareció el partido del domingo.

Aunque pueda sonar descabellado, hay un tipo de hinchaje que puede estar escrito desde que uno nace, en su partida de nacimiento. Tu pueblo pequeño, tu ciudad lejana, tiene su ejército de once hombres con el que piensa hacer frente al poderoso equipo de la gran metrópoli: Consiste en una revancha social y demográfica que nunca va a querer desaprovechada por ninguno de los dos. Lamentablemente, es el tipo de seguidores que menos se ve en el Perú pues gran parte del país se lo dividen los clásicos compadres y, aunque excepciones existen (Cienciano y Melgar son los equipos más populares de, respectivamente, Cusco y Arequipa, que son dos de las regiones más importantes del Perú), no son suficientes por lo que, para ejemplificar, partiremos de un país altamente fragmentado regionalmente: España, país con siete comunidades autónomas cada una con una historia propia, idioma propio y con una no tan agradable historia común entre ellas.

La dictadura de Francisco Franco tenía entre sus pilares la unidad nacional española la cual defiende la unidad territorial del Reino de España (concentrado en Madrid, Castilla), ideología que gozaba del rechazo de las otras comunidades autónomas[4]. Por lo tanto, La Liga de Fútbol Profesional (LFP), que alinea 20 equipos pertenecientes a estas comunidades, se convirtió en un campo de batalla competitivo y reivindicatorio sobre todo para dos equipos representantes de las más grandes regiones del país: el Real Madrid (de Castilla) y el Fútbol Club Barcelona (de Cataluña), respectivamente los ‘conservadores’ y los ‘rebeldes’ que siempre existen en este tipo de contextos. Bien es conocido que, durante su dictadura, Francisco Franco prohibió, entre otras cosas, la lengua catalana así como ciertos hábitos relativos a la región y es en este escenario en que el Barça se convierte en un embajador de la comunidad catalana no sólo ante España, sino ante Europa y el mundo entero; tanto así que el Camp Nou, legendario estadio de la Ciudad Condal, era el único gran foro público donde se habló sin reservas el idioma local. No es casualidad, entonces, que sea en esta época que se le atribuyera al Barcelona el lema: “Més que un club” (Más que un club)[5]. Por otra parte, era dicha época común que en las tribunas del Santiago Bernabeu de Madrid se oyeran cantos alusivos al Franquismo y, aún en la actualidad, los Ultras madridistas constantemente alegan que la hispanidad profunda juega para el Real Madrid[6] mientras celebran su mayor cantidad de campeonatos ganados. Vemos, pues, dos tipos distintos de ideologías que se oponen y eso mismo es lo que hace un Derbi sea tan jugado en serio.

Sin salirnos del tema de la territorialidad, otro tipo de sentimiento es el que enfrenta a dos equipos de una misma región. Cuando se dan dichos cotejos, no importa el resto del país, no importa la selección, no importa nada; lo único que importa es la ansiedad por el partido y demostrar quien es mejor en dicha zona. Y, otra vez lastimosamente, este tipo de disputas solamente se ven al mínimo en el Perú (aceptemos que poco podemos esperar de una liga con tan sólo 12 equipos centralizados) pero ejemplos abundan: sólo en Argentina tenemos a Racing e Independiente en Avellaneda, Gimnasia y Estudiantes en Río de la Plata, a Newell’s y Central en Rosario; en Ecuador a Barcelona y Emelec en Guayaquil; en Brasil a Flamenco y a Vasco en Río de Janeiro; y así hasta el infinito del atlas de geografía mundial como si fueran diminutas guerras civiles.

El último, pero no por eso menos importante, factor de adhesión a un equipo de fútbol es el contexto en el cual se encuentran tanto el equipo como el potencial seguidor. Hinchas de este tipo suelen existir bastante dentro del Perú: espontáneos fanáticos del Sporting Cristal tras su tri-campeonato de los años 90, o un alza del 500% en la venta de camisetas de Cienciano del Cusco tras el logro de la Copa Sudamericana en el año 2003, o hinchas que dejan de asistir al Monumental o Matute solo por dejar escapar dos empates de local; como todos esos casos hay muchos más. Podrían ser llamados hinchas por conveniencia pero no hay duda alguna que también tienen ese bicho de simpatía por el equipo en cuestión. No soy un sociólogo ni mucho menos pero una causa que se le puede encontrar a eso es el hambre de triunfos que hacen del fanático peruano del fútbol un desnutrido, hambre que nos obliga a poner el estómago por encima del corazón.

Hace tiempo que el mundo empezó a rotar alrededor de un balón de fútbol y a nosotros, como simples y débiles humanos, tan sólo nos queda arrimarnos a la sombra del mejor árbol. Una vez que escogemos ese árbol no será imposible despegarnos de él: nos parecerá el mejor, tendrá nuestros colores, nos hará reír así como nos hará perder dinero y nos hará llorar pero seguiremos ahí porque, a fin de cuentas, es nuestro árbol.

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[1] Jorge Valdano: “El miedo escénico y otras hierbas”
[2] Martín Benavides: “Una pelota de trapo, un corazón blanquiazul”
[3] Testimonio de Fernando Zambrano, fanático de Universitario de Deportes.
[4] El Franquismo: http://es.wikipedia.org/wiki/Franquismo
[5] Juan Villoro. Artículo para Etiqueta Negra N°36
[6] Juan Villoro. Artículo para Etiqueta Negra N° 32


martes, 24 de julio de 2007

Un Gol Y Muchas Balas

La guerra entre Honduras y El Salvador.

El reloj marcaba el minuto 44’ de la segunda etapa en el estadio de Tegucigalpa, capital de Honduras. El equipo local recibía constantes ataques de su contraparte Salvadoreña. De pronto un súbito contra golpe terminó en un tiro libre muy cerca al área de El Salvador. El ejecutante vio a un compañero solo, quien, de un soberbio cabezazo, anotó el gol. El árbitro pitó el final del encuentro. Honduras derrotó 1 – 0 a El Salvador. El primero de tres encuentros para la clasificación al mundial de México 70 había terminado, y la guerra empezó.

Ese día, 6 de junio de 1969, las tribunas se convirtieron en un campo de batalla. Los salvadoreños llenos de rencor atacaron a la policía y huyeron del estadio destruyendo todo a su paso. Días después, el 14 de Junio, el ejército salvadoreño invadió Honduras y avanzó ametrallando los pequeños poblados fronterizos. En Honduras el presidente llamó a Reforma Agraria y envió al ejército a acabar con campesinos salvadoreños. Es así como se inició la llamada Guerra del fútbol.

Al día siguiente, 15 de junio, se jugó el segundo partido en San Salvador, El Salvador. Al momento de tocar el himno todos vieron un trapo manchado en sangre en vez de la bandera de Honduras. El resultado fue 3 – 0 a favor de El Salvador. Las radios salvadoreñas llamaban a la población a “invadir la tierra de los bárbaros”, mientras que en Honduras, altoparlantes repetían un mensaje: “Hondureño: toma un leño, mata un salvadoreño.”

Para el final del partido, el ejército salvadoreño ya había entrado más de 8km en tierras hondureñas, enfrentándose a campesinos que se defendían con machetes. El saldo: cientos de hondureños muertos. Honduras no esperó y lanzó un ataque aéreo a un ejército de El Salvador que se quedaba sin municiones. Pronto la guerra se trasladó del campo a la ciudad donde los mismos pobladores se enfrentaron por seis violentos días.

El 20 de junio, evidentemente acabado, el ejército salvadoreño anuncia su retirada y pide el cese al fuego por parte del gobierno de Honduras. La guerra dejó un aproximado de 6.000 muertos y 20.000 heridos y desaparecidos. Se estima que 40.000 personas fueron afectadas directamente. El Salvador entró en una grave crisis que terminaría en una guerra civil y finalmente, el sueño de formar el Mercado Común Centroamericano quedó en una simple promesa.

Dos países pobres, con presidentes que fueron compañeros de clase en la Escuela de las Américas en Panamá, que estaban alineados al régimen comunista y que consiguieron el poder por golpes de estado, se vieron enfrentados por el simple juego de dos viejos compañeros de clase.

El fútbol, como expresión cultural, refleja y canaliza las tensiones sociales en las que vivimos, muchas veces llegando a extremos como este, impensados, casi utópicos. Y es que el deporte rey no es sólo un juego, es en cierta forma, termómetro de nuestra vida en sociedad.

El tercer partido se jugó en terreno neutro. México recibió a ambas selecciones un 27 de junio del mismo año. El resultado final fue de 3-2 a favor de El Salvador, con un gol en tiempo extra. La policía mexicana, con 5.000 mil hombres, intentó detener a ambas hinchadas. No pudo.

sábado, 21 de julio de 2007

La influencia de los comentaristas en el disfrute del fútbol


Es y ha sido siempre regla general desde que uno es un niño ávido de entrar al mundo del fútbol que éste es un deporte que se juega solamente con los pies, es lo primero que se le enseña al menor. Más adelante nos damos cuenta de la importancia de la táctica como componente esencial de la fórmula del buen fútbol pues no todo es tirar patadas como bruto, entonces el cerebro entra a jugar también. A partir de este punto nos volvemos hinchas, observadores casi devotos de fútbol los fines de semana. Sin embargo, dentro de cada uno de nosotros es variable el tiempo que demoramos en identificar un factor importantísimo dentro de la emoción (y devoción) que es observar un partido de fútbol: la voz peculiar de algún comentarista.

Uno, a lo largo de su vida, ha visto y verá miles de encuentros de balompié tanto en televisión local como en internacional y cada uno de ellos tendrá un sello característico impregnado en la voz del encargado de relatar dicha épica deportiva. A decir verdad, es posible que este aspecto tenga más peso en hinchas más ‘antiguos’ pues, debido a la ausencia de televisión por cable, pueden haber vivido varios acontecimientos futboleros oyendo a un solo relator en todos ellos (en este momento, parense, vayan donde sus padres y pregúntenles que les describan el cosquilleo que sintieron al escuchar gritar a Humberto Martínez Morosini el segundo gol de ‘Cachito’ Ramírez en la Bombonera que nos clasificaba al Mundial de México ’70).

Nosotros, amigos contemporáneos que ya conocen mi edad por un artículo pasado de este blog, tenemos, gracias a una necesaria globalización del fútbol, la oportunidad de oír narrar partidos a muchos comentaristas de distintas ligas internacionales y lo más probable es que también hayamos desarrollado, sin quererlo, una relación voz-acontecimiento mediante la cual, al más puro estilo de la teoría del reflejo condicionado de Pavlov, al escuchar la voz de nuestro relator preferido empecemos a babear sin parar rememorando cierta hazaña en el verde. Bueno, al menos eso me pasa a mí.

Sólo por mencionar algunos referentes obligados personales están: Luis Omar Tapia, ex narrador de ESPN dueño de una voz que me trae memorables recuerdos de gloriosas Ligas de Campeones (en especial la de 1999) y logra que, sean cual sean los equipos que jueguen, me quede enganchado de un partido; Juan Manuel Pons, argentino narrador de la Liga Inglesa cuya voz es el mejor despertador en los días sábados cantando (literalmente) los goles del campeonato británico. Por otro lado, como referente obligado para los partidos de la Selección Peruana, tenemos a Toño Vargas y sus ya legendarias frases: ‘Hablan las imágenes’, ‘La hora es la hora’, ‘El tiempo apremia’, ‘Acéptalo Carini, Paolo Guerrero fue más.’

Aparte de ellos hay muchos más, tanto en las pantallas como fuera de ellas y dentro de nuestro recuerdo, que también representan (casi siempre) mentes sabias y exclusivas para el deporte rey y que influirán siempre en nuestra percepción del mismo. Me gustaría terminar este artículo con una cita al libro de Jorge Valdano ‘El miedo escénico y otras hierbas’, cita en la que habla del tema. Disfruten y a golear con la voz.

“Cuando Argentina le ganó a Alemania en la final de México 86, me senté en el suelo del vestuario seguro de que había llegado al mejor sitio posible: aquel que había soñado toda la vida. Me pareció que lo indicado era llorar, pero aunque hice fuerzas, no pude. Siete años después, estando ya alejado del fútbol, salí a correr por un parque cercano a mi casa con un walkman para entretener el esfuerzo con música. No sé por obra de quién aquel casete incluía, entre dos canciones, la grabación de mi gol en aquella final gritado por una voz que sonaba a mi infancia: José María Muñoz. Cuando terminó el relato me puse a llorar sin querer. Como si aquella transmisión completara el sueño, como si el fútbol no existiera sin el auxilio de la palabra.”